Ámbar en el mundo

Ámbar en el mundo

 

El ámbar no pertenece a un solo territorio.

En distintas regiones del planeta, la resina fosilizada tomó formas propias según los árboles que le dieron origen, los climas y los distintos sedimentos que la resguardaron.
Por eso ningún ámbar se repite: cada uno guarda una memoria distinta del tiempo.

En el Báltico, la succinita se formó hace cerca de 50 millones de años.
En el Caribe, el ámbar dominicano —de entre 15 y 23 millones de años— puede ser tan transparente que, sobre fondo oscuro, algunas piezas parecen azules por su fluorescencia natural. 

En Myanmar, el ámbar cretácico preserva vestigios de hace unos 99 millones de años;
y en Líbano, depósitos de más de 130 millones de años resguardan algunos de los insectos fósiles más antiguos conocidos.

Estos son algunos de los más conocidos pero existe una diversidad maravillosa de ámbar alrededor del mundo y cada uno es memoria de la tierra que lo vio nacer.

En Flora María® trabajamos exclusivamente con ámbar de Chiapas, no solo por su belleza y riqueza cromática, sino por el vínculo profundo que guarda con nuestra tierra y nuestra historia

Su denominación de origen, reconocida desde el año 2000, protege esa autenticidad que también da identidad a nuestras creaciones.

Porque más allá de su geografía, el ámbar simboliza algo universal: transformación, resiliencia y luz preservada a través del tiempo.

Honramos la belleza de los ámbares del mundo y volvemos siempre al de Chiapas, la memoria resiliente de nuestra historia.

 


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